Siento asco por varias cosas. En primer lugar por, de alguna manera, contribuir al “fabuloso” circo, que se ha montado este fin de semana, a través de estas lineas y luego de todo lo que viene detrás. Que asco.
En este país nos gusta la ciencia ficción la reinventamos cada día con una gilipollez o con otra. Este mes han tocado las “Consultes Sobiranistes”. Acertadamente Francesc Vendrell el otro día en su blog publicó la constatación de esa falsa realidad en la que vivimos a través de lo que iba publicando nuestro flamante CEO y que recomiendo que leais.
Mientras unos se llenan la boca con la palabra: España, España, España, España, España, España, etc (tienen un vocabulario político muy desarrollado que mide sobre todo al nivel al que están)…. Los otros emplean un vocabulario más o menos similar en otros términos y a veces más variado porque lo traen de casa aprendido: Cataluña, expolio fiscal, Cataluña, fachas, ladrones, Cataluña, autodeterminación, independencia, Cataluña, Cataluña, Estatut, TC, etc, etc…. Vaya que los unos y los otros cuentan con un amplio espectro de palabras que les permite hacer una política eficaz y sofisticada destinada sobretodo a la mejorar del bienestar social, ya que lo que me preocupa hoy a mi como al resto de paisanos míos en Cataluña es saber si mañana tendré un DNI (Documento Nacional de Identidad) o un DNI (Document Nacional d’Identitat), o por ejemplo si Montilla (o el que venga) podrá recibir a Obama en Barcelona (si es que algún día decide pasarse, aunque bueno soñar forma parte de esa realidad nuestra enmarcada en la ciencia ficción) con honores de Jefe de Estado y no como un jefecillo regional. También me preocupa que en todos los colegios ondee la bandera catalana como símbolo nacional, mucho más que si tenemos una educación de calidad. En fin, que podría hacer aquí una lista sin fin con todas las burradas que tanto a unos como otros les incumbe tanto, pero que a los que estamos en el centro de toda la discusión nos parece surrealista.
Eso nos demuestra entre otras cosas lo siguiente: Cataluña da pena. Y no sabéis con cuanta tristeza digo esto, ya que a nadie le gusta que en su casa las cosas vayan mal. No es lógico ni normal que las preocupaciones del país las definan el 70% de calienta sillas del Parlament y no su sociedad, que es a la que representan. El otro 30% estaban ayer haciendo ver que votaban un echo totalmente trascendental sobre el que dentro de poco oiremos épica, para variar. Eso sí, no oiremos épica sobre el que no puede pagarse la comida y debe ir cada noche a los contenedores de los supermercados a ver que puede aprovechar, no oiremos épica sobre aquellas familias que pese a que no les va tan bien no dejan que sus hijos lo pasen mal, que no les falte de nada, tampoco oiremos épica sobre los médicos que reciben cursillos de como atender a un paciente en un hospital en 5 minutos (en la Sanidad Pública que degenera cada día un poquito más), tampoco oiremos épica sobre todos aquellos que luchan cada día para labrarse un futuro, etc, etc y me temo que esta lista es o sería infinitamente más larga que la de los vocablos y temas que preocupan a los primeros sobre los que hablaba. El problema es que esta lista no existe en Cataluña: “Això aquí no passa”.
En fin, triste la historia de un país donde no hay sincronía entre sus gentes y los que las representan, porque es obvio que no representan nada ya salvo sus propios traseros, donde en la casa de la política, el Parlament, ya no saben donde esta el norte y ante la falta de agallas de los diputados el país esta parado. No saben por donde tirar y lo hacen por lo fácil, que es incharse la boca cosas intangibles de las cuales es difícil medir el éxito o el fracaso resultando en mediocridad.
Ahora bien, peor me parece que la sociedad catalana parezca disfrutar con todos estos juegos de luces, pocas, y colores, tantos como partidos. Tarde o temprano, de tanto jugar, iremos a trabajar y ya no quedará nada. El mundo hay que vivirlo hoy porque mañana ya es demasiado tarde.
Vosotros veréis si os queréis parar o mover, porque al final no dejo de ver esbozada un historia quijotesca en las que unos luchan contra molinos y ovejas, mientras los que lo acompañamos alertamos sobre el peligro de la locura. Temo pues, que como en el Quijote, los que alertamos suframos un proceso de quijotización para ser como los que nos lideran y que el que es alertado se de cuenta de que ha vivido en un cuento toda su vida y en el lecho de muerte nos anuncie que todo no ha servido para nada. Sólo os digo que desde lo primero a lo último son muchas páginas en el libro de Cervantes y no podemos perder el tiempo.