¿Qué es un héroe? ¿Y un amigo?

En un contexto en el que estamos dispuestos a rendirnos y que ya no distinguimos entre lo que queremos y debemos:

Frodo: No puedo hacer esto, Sam.

Sam: Lo sé. Ha sido un error. No deberíamos ni haber llegado hasta aquí… Pero henos aquí, igual que en las grandes historias, señor Frodo, las que realmente importan, llenas de oscuridad y de constantes peligros. Ésas de las que no quieres saber el final, porque ¿cómo van a acabar bien? ¿Cómo volverá el mundo a ser lo que era después de tanta maldad como ha sufrido?

Pero al final, todo es pasajero. Como esta sombra, incluso la oscuridad se acaba, para dar paso a un nuevo día. Y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún. Esas son las historias que llenan el corazón, porque tienen mucho sentido, aun cuando eres demasiado pequeño para entenderlas. Pero creo, señor Frodo, que ya lo entiendo. Ahora lo entiendo. Los protagonistas de esas historias se rendirían si quisieran. Pero no lo hacen: siguen adelante, porque todos luchan por algo.

Frodo: ¿Por qué luchas tú ahora, Sam?

Sam: Para que el bien reine en este mundo, señor Frodo. Se puede luchar por eso.

CINE de MASAS y PODER (II)

No voy a hablar del curso, sino que me he permitido la licencia de tomar el mismo título para hablar de un tema relacionado con algo que ha sucedido esta semana.

Si seguís la actualidad a lo mejor os llamó la atención el proyecto de ley que se debería convertir en la flamante Ley Catalana del Cine y que se ha enviado esta semana a los que puedan estar afectados para que puedan manifestar su opinión antes de la votación.

Pues bien lo que esta “ley ” propone, en lineas generales, es que veamos más cine en catalán a través de diversos mecanismos, bastante criticables según se mire. En mi caso, creo que esta “futura” ley significa una oportunidad perdida. Ya me gusta poco que la política se sirva de herramientas tan poderosas como las leyes para modificar o influir en la conducta de las personas, cuando si la conducta a modificar no es mala para nadie, pero menos me gusta que cuando se use este método no sirva para mejorar esa pauta de comportamiento que no hacia daño a nadie.

En este país, que actualmente se haya en crisis, uno de los pilares más básicos sobre el que estamos construyendo nuestro futuro necesita un refuerzo, porque sino pasaremos del “necesita mejorar” (en referencia al emblemático método de evaluación en la Educación Primaria de Cataluña) al “Houston tenemos un problema”. Este elemento llamado formación debe ser una de las actividades a las que dediquemos más esfuerzos si queremos subsanar los errores que se vienen reiterando en las distintas reformas educativas que se han acometido en el país. Debemos ser conscientes ya de que lo único que nos va a permitir competir en el mundo es gente bien formada ya que carecemos de cualquier poder similar al del Rey Midas. Por tanto y a luz de lo que dicen los informes (léase Informe PISA) tenemos una asignatura pendiente: mejorar nuestra formación.

Y esto último ¿cómo se relaciona con lo primero? Pues es sencillo, pero aguardad. Yo no soy descubridor de una solución transversal a todo el problema, ni mucho menos, pero sí quiero exponer una inquietud personal que pueda arreglar alguna cosilla. La idea, como comentaba sencilla, pasa por usar esa herramienta para convertir el cine en algo más que un puro entretenimiento, en un vehículo de formación para la sociedad. Expuesto así, sin que haya entrado en detalles da miedo, de hecho, creo que esa es la idea que llevaba el gobierno tripartito cuando pensaba en el proyecto de ley del que hablaba antes. Ahora bien, los objetivos que yo perseguiría con esa idea son bien distintos a los que mueven al govern. Los últimos parecen salidos de otra época, de cuando los gobiernos necesitaban elementos que se convirtieran en auténticos símbolos, intocables, de una nación, para el caso es la lengua. Que el objetivo sea que la lengua catalana se convirtiera entonces en un símbolo intocable tiene como consecuencia lógica que se destinen muchos esfuerzos, tanto políticos como económicos, a ese fin. Todos esos esfuerzos implican además que se pague un coste de oportunidad. Oportunidad perdida. Lo que me gustaría entonces es comentar como esa idea sería una excelente, a mi parecer.

Considero que desde los poderes públicos se debería incentivar un mayor y mejor conocimiento de las lenguas extranjeras (y entre estas no está el castellano senyors del tripartit). La excelencia en una supuesta Ley del Cine no está en promocionar que películas extranjeras se traduzcan al catalán, sino que cada vez más el cine se vea en su versión original (en su defecto subtitulada). Consecuencias de lo expuesto: en primer lugar una económica y en segundo lugar una formativa. La primera porque en todas las sociedades hay una demanda latente de ocio (entre ellos el cine) en su idioma, ofreciendo a los directores de cine del país la oportunidad de satisfacer una mayor demanda de cine de producción nacional. Esto a su vez tiene una consecuencia directa para todos y es que el cine español y/o catalán tenga una oportunidad de reducir su dependencia de las arcas del estado y las comunidades autónomas. En segundo lugar, que los que además de ver cine en español acudan a las salas a ver cine extranjero tendrán la oportunidad de familiarizarse con otros idiomas y quizás de hasta aprender algo. Empleando la misma lógica que para el cine, ambas consecuencias también serían extensibles a otros medios audiovisuales como la televisión.

Lo mejor de todo es que no pueden llamarme loco porque tampoco he descubierto nada nuevo. Son muchos los países que tienen algo similar funcionando y parece que de manera efectiva contribuye al aprendizaje de otras lenguas.

CINE de MASAS y PODER

Se estaba cociendo desde hace unas semanas entre llamadas, e-mails y algún que otro encuentro. Para más información acudid a la web de DEBA-T (www.deba-t.org)

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Callados como putas

Se que ayer ya escribí sobre algo, pero es que no puedo resistirme a escribir otra actualización. Debe ser cosa de la bronquitis que estoy pasando, que me deja muchos ratos para pensar, que me tiene aburrido y necesito hacer algo sólo para distraerme, por ejemplo, escribir.

El título del post de hoy parece algo contundente, demasiado de prensa amarilla diría yo, pero me gusta. Hace unas semanas el País y la Vanguardia hicieron públicas varias noticias sobre la prostitución y consumo de drogas en las calles en la ciudad de Barcelona, concretamente en el barrio del Raval. Me centraré hoy en el primer tema: la prostitución.

El artículo en cuestión armó mucho revuelo en la ciudad, hasta el punto en que el alcalde Jordi Hereu, del PSC, decidió que lo mejor era multiplicar la presencia policial a la espera, supongo, de que eso espantase los que desearan realizar cualquier tipo de actividad prohibida en la Ordenanza sobre Civismo de la ciudad condal. Además, el alcalde solicitó a los gobiernos de Cataluña y España que iniciaran algún tipo de regulación de la actividad, esto es en definitiva o prohibirlo de forma flagrante o abrir la puerta a la legalización de dicha actividad, ya que por ahora se mueve en los limites de los legal y ilegal. Pues bien, a día de hoy seguimos como ayer: sin nada, silencio.

Sobre este tema, mi opinión creo que se haya en el sentido común, que dicen que es el menos común de todos los sentidos. ¿Por qué no regularizar una actividad para que esta sea legal? Al fin y al cabo estamos hablando del negocio más antiguo del mundo y me temo que esta a prueba de toda crisis. ¿Además por que no reconocer abiertamente que existen un serie de prácticas en nuestra sociedad? Estamos continuamente entre lo que es políticamente correcto y lo que no, siempre poniendo un velo a la realidad.

Por otro lado, son varios los beneficios de regular esta actividad para que sea legal. Entre otros la prostituta podría darse de alta como autónoma, luego acceder a la seguridad social y pagar impuestos como todo el mundo. Sus condiciones laborales cambiarían, en mi opinión, para mejor. Por otro lado, los recursos del Estado destinados a perseguir la prostitución se centrarían en lo verdaderamente importante: las mafias que esclavizan a las mujeres para este tipo de actividad. Entre otras cosas también podrían asociarse y dejar la calle, ya que tendrían otras vías para publicitar sus servicios sin temer ser perseguidas. En definitiva a la larga normalizaríamos la situación de muchas mujeres así como la profesión. Desde los poderes públicos debería hacerse lo posible para poner un poco de luz a este mercado tan negro. Mientras tanto seguimos callados como putas.

el País | Sexo de pago en plena calle junto al mercado de La Boqueria de Barcelona

20minutos.es | El limbo de la prostitución

20minutos.es | ¿Regular, perseguir, prohibir, aceptar, ignorar? El gran debate de la prostitución

Sobre el Tribunal Constitucional y otros fetiches de la política española

Hace un par de meses, cuando la sentencia sobre el Estatut de Autonomía de Cataluña tenía que salir en agosto, un buen amigo mío hizo varios comentarios que me “enfadaron”. Ello nos llevó a a varias horas de debate que, si bien no sirvieron para que ninguno de los dos convenciera al otro, a mí me entretuvieron lo suyo. Él acabó escribiendo un artículo en el Diari de Vilanova titulado “Al final jo també seré independentista” y hoy encuentro oportuno darle respuesta en este espacio de reflexión personal.

Me preocupa enormemente que desde que la sentencia del Tribunal Constitucional tiene que salir se haya jugado con la legitimidad de éste y sobre su capacidad de decidir sobre A o B. Este Tribunal, que no es poder judicial, es el encargado según la Constitución (sí, aquel texto que alguna validez debe de tener para los de mi generación, si nuestros padres, abuelos y bisabuelos decidieron votar mayoritariamente a favor porque consideraron que era lo mejor para ellos y para los que vinieran detrás) de controlar la constitucionalidad de las leyes, valga la redundancia, esto es, que todas las normas jurídicas del ordenamiento jurídico no sean contrarias al texto constitucional (que en versión simple viene a ser el conjunto de derechos y deberes de todos y cada uno de nosotros para con el resto de nosotros). Así pues nos encontramos con una institución del estado que, fíjate tú por donde, busca que las reglas de juego se mantengan acorde con algo que nos provee de derechos, libertades y responsabilidades para con los demás. Tan malo no parece. Continuar leyendo